La Espada del Espíritu

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Eduardo VI, el hijo de Enrique  VII, nació en el año 1537 y falleció en el año 1553 cuando todavía no había  cumplido 16 años de edad.

El día 20 de de febrero de  1547, Eduardo VI de 9 años, durante la ceremonia de su coronación, celebrada en  la Abadía de Westminster, al avanzar la procesión, le llamó la atención que tres  funcionarios al frente de su persona, llevaban en alto tres espadas y les  preguntó qué era lo que significaban. Uno de los funcionarios le respondió que  representaban los tres reinos que estaban unidos bajo su corona. Entonces,  Eduardo VI exclamó:”¡Falta una, la Biblia, la Espada del Espíritu!”  e inmediatamente ordenó que una gran Biblia fuera traída del púlpito de la  abadía, y que se la llevara en la procesión adelante de las otras espadas y de  cualquier otro símbolo que representara un poder terrenal. Eduardo VI, murió  siendo muy joven, pero su acción ejemplar de darle a la Biblia la preeminencia  por sobre todas las demás cosas se transformó en una tradición en las ceremonias  de coronación de los reyes británicos.

Pablo, escribió a los miembros  de la iglesia de Efeso:”Tomen el casco de la salvación y la espada del  Espíritu, que es la palabra de Dios.” (Efesios 6:17 N.V.I.) Asimismo, el  autor de la Epístola a los Hebreos, describió a la palabra de Dios como “más  cortante que cualquier espada de dos filos.” (Hebreos 4:12 N.V.I.)

Cuando las Sagradas Escrituras,  reciben un lugar de preeminencia en nuestras vidas, cuando se la escudriña con  oración y reverencia y se permite que sus enseñanzas, consejos y mandamientos  formen una parte integral de nuestro diario vivir; entonces, el Espíritu Santo  crea en nosotros un nuevo corazón y renueva un espíritu recto en nuestro ser.

Las palabras del himno “Santa  Biblia Para Mí” expresan el sentir que los Cristianos necesitamos tener acerca  de la Palabra de Dios, “la espada del Espíritu“:

¡Santa Biblia! para mí

eres un tesoro aquí.

 

Tú contienes con verdad

La divina voluntad;

Tú me dices lo que soy,

De quién vine y a quién voy.

Tú reprendes mi dudar;

Tú me exhortas sin cesar.

Eres faro que a mi pié

Va guiando, por la fé,

A las fuentes del amor

Del Benigno Salvador.

 

Eres la infalible voz

Del Espíritu de Dios,

Que vigor al alma da

Cuando en aflicción está.

 

Tú me enseñas a triunfar

De la muerte y el pecar.

Por tu santa letra sé

Que con Cristo reinaré.

Yo, que tan indigno soy,

Por tu luz al cielo voy.

 

¡Santa Biblia! para mí

Eres un tesoro aquí.

(Autor:John Burton. Traducción:  Pedro Castro. Arreglo: B.Carr (1824).

Gracia y Paz!

Sergio

Amigo de Jesús

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