¿Salva el Bautismo?

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Por Pablo Santomauro

La pregunta de si el bautismo es imprescindible para la salvación de una persona causa mucha controversia dentro del cristianismo. La respuesta es un categórico “NO”. Ahora bien, usted puede preguntarse: “Si la respuesta es ‘no’, ¿por qué hay versículos que dicen, ‘El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva.’ (1 Pe.3:21), y  ‘Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados.’ (Hch.2:31)?”  La pregunta es legítima y debe ser contestada en profundidad.

Primero que todo es necesario explicar qué es el bautismo. El bautismo es la expresión exterior de una realidad interna. Esa realidad es algo que ha sucedido en el interior de una persona que ha recibido a Cristo como su Salvador. La Escritura le llama a esto “el lavamiento de la regeneración, la renovación en el Espíritu Santo” (Ti.3:5), “la limpieza de todo pecado por la sangre de Jesucristo” (1 Juan 1:7; Ap.1:15), etc.

También podemos definir el bautismo como el símbolo de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. La persona que se bautiza está simbólicamente testificando de su fe en Cristo al proclamar que su antigua vida de pecado está muerta, y ahora ha resucitado a una nueva vida en Cristo (Rom. 6:3-7).

La Biblia es clara cuando dice que el evangelio es lo que salva (1 Cor.15:1-2). Romanos 1:16 dice: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.”

Es claro, entonces, que el evangelio salva. Ahora bien, ¿qué es el evangelio?. 1 Corintios 15:1–4 lo define como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo por nuestros pecados. No hay aquí ninguna mención del bautismo.

Teniendo en cuenta lo anterior, observemos lo que dice Pablo en 1 Corintios 1:17, “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio”.

Si el bautismo fuera necesario para la salvación, ¿por qué Pablo lo pone en segundo plano?. Si realmente el bautismo fuera parte de la salvación, Pablo en este versículo estaría expresando una blasfemia.

Sumado a esto, en Hechos 10: 44-48 vemos a Pedro predicando el evangelio primero, la gente salvándose, y luego bautizándose: “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.”

Es claro que estas personas fueron salvas antes de bautizarse. Consideremos dos puntos importantes:

1. El Espíritu Santo estaba sobre ellos y hablaron en lenguas. El don de lenguas es uno de los tantos dones dados a los creyentes.

2. Además, “magnificaban a Dios” (adoraban). Sólo creyentes pueden hacer tal cosa, los inconversos no pueden. La adoración al verdadero Dios es un asunto profundamente espiritual, completamente ajeno al incrédulo (1 Cor. 2:14). Por lo tanto, las personas en Hechos 10 fueron salvas antes de bautizarse. Este hecho no puede ser catalogado como una excepción.

Otra forma de explicar esto es mediante la siguiente ilustración. Supongamos que cierta persona bajo la convicción del Espíritu Santo, recibe a Cristo como su Señor y Salvador. ¿ Es salva tal persona? Por supuesto que sí.

Supongamos aún que luego de creer en Cristo y recibirlo como su Salvador, se dirige a una iglesia para ser bautizado, pero en el camino es arrollado por un auto y muere. ¿Va al infierno o va al cielo?

Si va al cielo, significa que el bautismo no es necesario para la salvación. Si va al infierno, entonces tener fe en Jesús no es suficiente para ser salvo. Esto contradice radicalmente la enseñanza de la Escrituras (Jn.3:16; 5:24; 6:47; Rom.10:9-10; He 16:31; etc.).

Decir que el bautismo es necesario para la salvación es antibíblico porque es como decir que que hay algo que debemos agregar por nuestra cuenta para lograr la salvación (ver Gál. 2:21 y 5:4).

Ahora bien, lo expuesto creemos que es razonable y convincente. Pero, ¿qué de los pasajes que parecen implicar que el bautismo es parte de la salvación? Trataremos con algunos de ellos a continuación.

Juan 3:5: “Respondió Jesús: ‘De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios’”.

Algunos dicen que la palabra “agua” es una referencia al bautismo. Corresponde señalar que los teólogos han ofrecido una serie de explicaciones alternativas para la palabra “agua”, todas con excelente base bíblica. Por razones de espacio no comentaremos en esto. Suficiente es decir que si Jesús se refirió a un bautismo, el único en vigencia al momento era el de Juan, llamado bautismo de arrepentimiento (Mr.1:4). Si a este bautismo se refirió Cristo, entonces podemos concluir que el bautismo no es necesario para la salvación, puesto que el bautismo de Juan (de arrepentimiento) ya no se practica en el día de hoy.

Hechos 2:38: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

Este versículo es difícil de armonizar. Parece decir que el bautismo es requisito para la salvación, aunque nosotros sabemos que no es así, a menos que la Escritura se contradiga, lo que equivale a decir que el Espíritu Santo se contradijo.

La palabra “para” (griego: eis) puede traducirse como “debido a”, “por causa de”, o “con motivo de”. En este caso, el bautismo es con motivo del perdón de pecados, no para el perdón de pecados.

Hechos 2:41, tres versos más adelante, pone las cosas en el correcto orden al decir que las personas primero recibieron la palabra de Pedro (creyeron), y luego entonces se bautizaron.

1 Pedro 3:21, “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva …”

Observemos que el bautismo es comparado o correspondido con algo. ¿Con qué? La respuesta está en el versículo anterior (v. 20). ¿ Qué fue lo que salvó a Noé y su familia? Obviamente fue el arca. Noé construyó el arca por fe y se salvó (Heb.11:7). El bautismo en este pasaje es sinónimo de fe.

Como vemos, una cuidadosa examinación de los textos usados para probar que el bautismo salva, nos muestra que no es un requisito para la salvación.

Esto no significa que no sea un paso obligatorio a ser dado por el creyente. Es un acto de obediencia y una ordenanza instituída por Jesucristo mismo (Mt.28:19). Aquel que profesa ser cristiano y aún rehusa bautizarse, quizá haga bien en examinarse y ver si su profesión de fe ha sido realmente genuina.

Recuerde, el bautismo es el primer acto de obediencia que Cristo espera de un creyente.

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