Pena de Muerte: ¿Debe el cristiano estar a favor o en contra?

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Pena de Muerte: ¿Debe el cristiano estar a favor o en contra? Parte 1
Pablo Santomauro

El material escrito hasta la fecha sobre la pena de muerte o pena capital no cabría en la Biblioteca del Congreso en Washington. Los argumentos a favor y en contra siguen manejándose con la pasión y el fervor que sólo ciertos temas controversiales pueden suscitar. Poco o nada es lo que nosotros podemos agregar más allá de establecer nuestra posición a los efectos de informar sobre el tópico a los lectores de esta página, en especial a aquellos que se congregan en una iglesia Calvary Chapel.

Bien se dice que los cristianos podemos diferir en temas que han sido llamados no esenciales, periféricos o secundarios, mientras que la unidad se conserve en los puntos doctrinales conocidos como esenciales, centrales o fundamentales. Yo no tengo ningún problema en estar de acuerdo con esto, después de todo fue la mente teológica admirable de San Agustín la que originó el principio, “En los esenciales unidad, en los no esenciales libertad, pero en todas las cosas caridad.”

Sin embargo, tengo que puntualizar que si bien los puntos doctrinales esenciales no son transigibles y todos comparten un mismo grado de primacía, cuando se trata de periféricos existen diferentes niveles de importancia. Algunos temas secundarios son realmente eso, secundarios; pongamos como ejemplo el modo y la edad del bautismo, la vigencia o no de los dones, la definición del Bautismo del Espíritu, y hasta el ancestral debate arminiano-calvinista. Pero cuando llegamos a tópicos como la pena capital, dejamos el terreno teórico para pasar directamente al laboratorio, o como le llamaban en la Preparatoria, las clases de práctica.

La posición que adoptemos frente a un tópico como la pena de muerte habla raudales de cuán bien entendemos o afirmamos los temas centrales. En verdad, nuestra posición es el barómetro para medir que tan serios somos respecto a nuestra fe y cuán sólida es nuestra ortodoxia.

En el ámbito cristiano vale la pena observar que aquellos grupos que se oponen a la pena capital, son por regla general aquellos que guardan muy poco respeto por la inspiración, i.e., infalibilidad e inerrancia de las Escrituras. Son además escépticos respecto a los milagros de la Biblia, sus organizaciones están infiltradas por la agenda de los homosexuales, niegan que Jesucristo sea el único camino al Padre, son de tendencia claramente liberal y ecuménica, y en el terreno político se inclinan marcadamente hacia el liberalismo de izquierda.

Entre estas iglesias liberales tenemos a la Iglesia Metodista Unida, Iglesias de Cristo Unidas, Discípulos de Cristo (Christian Churches), Iglesia Epicospal USA, Iglesia Presbiteriana USA, American Baptists, Iglesia Luterana Evangélica, la Conferencia General de Bautistas Generales, etc. Significativo por demás es el hecho que estos grupos militan, en su grueso, en favor del aborto.

Entre los más inclinados hacia la ortodoxia tenemos a los menonitas, amish, cuáqueros, moravos, valdenses, los hermanos, etc. Todos estos junto a los anteriores son conocidos como las “Iglesias de Paz.” Con la excusa de ser “pacifistas” se han convertido en militantes antiamericanos que ofrecen ayuda y consuelo a los terroristas. Además, arrastran en sus teologías y prácticas los serios desequilibrios doctrinales y psicológicos de sus fundadores que nunca pudieron superar con el paso de los años.

Por último, debemos mencionar a la iglesia católica y los ortodoxos griegos y rusos, quienes constituyen un frente de oposición unido contra la pena de muerte — iglesias éstas distanciadas de la doctrina bíblica, sobrecargadas con las tradiciones originadas en el hombre, e inefectivas para anunciar la salvación en Cristo.

Hemos considerado necesario establecer esta relación entre la heterodoxia de las iglesias nombradas y su posición anti-pena de muerte porque es necesario entender el origen de ciertas posiciones. Antes de que se nos acuse de cometer la falacia de culpabilidad por asociación, o en su defecto la falacia genética, o sea, no aceptar un argumento o posición basado en su origen, afirmamos que en última instancia, los argumentos caerán o se sostendrán en pie cuando sean cotejados con la Biblia.

Es nuestro propósito establecer por medio del bosquejo a continuación que la pena de muerte se origina en el carácter moral de Dios y constituye una Ordenanza de la Creación, y como tal, nunca ha sido abolida o sustituída.

El Fundamento Bíblico

A. La pena de muerte fue ordenada al ser humano y practicada por Dios mismo en el  Antiguo Testamento.

1. La pena capital hace su aparición antes de la Ley Mosaica.

a. En el capítulo 2 de Génesis, el precepto de la pena de muerte queda establecido en la advertencia por parte de Dios: “El día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén. 2:17), y es pronunciada sobre toda la raza humana en Génesis 3:19 (polvo eres, y al polvo volverás).

b. Satanás le aseguró a Eva que Dios no la cumpliría: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis (Gén. 3:4).”

c. Dios aplica la pena de muerte a gran escala en el Diluvio (Gén. 7). El Juez del universo decretó pena de muerte para la vasta mayoría de la raza humana.

d. El hecho de que Dios castiga la maldad de los hombres quitándoles la vida indica que la pena de muerte no es inherentemente mala, sino lo contrario.

2. Objeción: Dios permitió a Caín vivir luego de matar a Abel. Esto significa que Dios no aprueba la pena capital.

a. No. El argumento queda invalidado ante la evidencia del resto del Antiguo Testamento, donde Dios institucionaliza la pena de muerte. Usar este pasaje para afirmar que Dios no aprueba la pena de muerte es cometer la falacia de la evidencia selectiva, i.e., no tomar en cuenta la evidencia bíblica por la posición contraria.

b. También es una violación del principio de “mención plena”, ya que el pasaje no habla directamente del tema y por ende, concluir que Dios está en contra de la pena de muerte es exegéticamente erróneo.

c. El sistema Dispensacionalista, al que el autor adhiere, enseña que el tiempo entre la Caída y el Diluvio constituye la dispensación de la Conciencia o la Responsabilidad Moral. En este tiempo Dios requirió del hombre que por fe hiciera lo que es bueno. Dios sabía que el hombre fallaría esta prueba también y el resultado fue tanta maldad que Dios destruyó la población mundial en su totalidad con la excepción de Noé y su familia. La pena de muerte a nivel humano no fue puesta en práctica en esta dispensación.

3. Sancionada por Dios luego del Diluvio y antes de la Ley.

a. “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.” Génesis 9:6

b. Luego que las aguas descendieron comienza una nueva dispensación llamada dispensación del Gobierno Humano. El hombre falló la prueba de la responsabilidad moral y la raza humana pasa ahora a ser regida por el hombre. Ojo por ojo, vida por vida pasa a ser el patrón a seguir. Crimen y castigo perduran hasta el día de hoy.

c. La pena de muerte, mandamiento de Dios, se basa en el valor intrínsico y trascendente del ser humano. Lo que dignifica al ser humano es que fue creado a imagen de Dios.

d. Matar a un ser creado a imagen de Dios es una falta tan seria que merece la pena de muerte. Inferencias:

i. El hombre posee la habilidad de ejercer discernimiento y procurar justicia.

ii. Tiene la capacidad de ser un buen administrador de la pena de muerte.

4. Ordenada por Dios en la Ley Mosaica.

a. La pena de muerte es ordenada como un mandamiento a cumplirse en el contexto del gobierno teocrático de Israel durante la dispensación de la Ley.

b. Varias ofensas eran merecedoras de la pena capital: asesinato premeditado, homosexualismo, adulterio, secuestro, adivinación, idolatría, abusar y maldecir a los padres, incesto, violaciones, etc.

c. Una vez más, si Dios instituye la pena de muerte, jamás puede ser llamada injusta.

5. Objeción: Los que apoyan la pena de muerte deberían apoyarla para todas las demás ofensas del Antiguo Testamento.

a. El contra-argumento expresa que los que apoyan la pena de muerte sólo lo hacen para casos de asesinato premeditado. Si se van a guiar por la Ley del Antiguo Testamento, también deberían promoverla para ofensas como adulterio, incesto, adoración de otros dioses, etc. — o se aplica toda la Ley o no se aplica ninguna. No tenemos derecho a escoger una sola categoría.

b. Yo encuentro este argumento notablemente infantil y sin base lógica. Si bien la pena capital fue extendida a varias ofensas durante la teocracia, debemos especificar que esta aplicación fue limitada solamente a la dispensación de la Ley. La pena de muerte para para los que practicaban hechicería, adivinación, espiritismo, idolatría, homosexualismo, adulterio, etc., fue solamente enforzada durante la teocracia israelita. Pero el principio de vida por vida, o de Lex Taliones, no está enraizado en la Ley Mosaica, sino en el orden de la Creación (Gén. 9:6).

c. En el estudio de la Biblia, un precedente histórico y bíblico permanece válido hasta que es directamente eliminado por revelación divina. Como veremos más adelante, el principio de la pena capital no es abolido en el Nuevo Testamento.

d. Es ridículo pretender que gobiernos seculares implanten la pena de muerte por ofensas de carácter religioso. La pena de muerte por quitar una vida es un precepto universal dado por Dios como una ordenanza de la Creación, es por ello que el principio de Lex Taliones está entretejido en la fibra moral de todos los pueblos del mundo. Es por ello que muchas naciones aun la conservan.

6. Objeción: El Sexto Mandamiento dice “No matarás” (Ex. 20:13). Los gobiernos que aplican la pena de muerte son culpables de matar — quebrantar el Sexto Mandamiento.

a. En ocasión de la reciente ejecución en California de Tookie Williams, quien asesinó a sangre fría a cuatro personas, volvimos a presenciar las clásicas pancartas acusando de asesinos al estado y aún hasta al gobernador.

b. El verbo “matar” (rasah) se debe traducir “asesinar”. Rasah y sus conjugaciones se usan 49 veces en el Antiguo Testamento y todas las veces describen la acción de matar con premeditación. Nunca es usado en relación con animales, Dios, ángeles, o enemigos en batalla. Por lo tanto, el mandamiento no enseña que todo tipo de muerte es inmoral. Sólo enseña que el asesinato es inmoral.
Es primordial saber que la pena por violar el mandamiento de Exodo 20:13 (no matarás) es precisamente la pena de muerte (Exodo 21:12;Núm.35:16-21). Conclusión: El Sexto Mandamiento no enseña que todo tipo de muerte es una violación de la ley de Dios, sólo el asesinato premeditado lo es.

c. Del punto anterior se deduce que cuando un gobierno toma la vida de un asesino, no es culpable en sí mismo de cometer un asesinato (o matar). La ironía consiste en que aquellos que se oponen a la pena de muerte citando Exodo 20:13 y redifiniendo el concepto de “no matarás”, ignoran voluntariamente el siguiente capítulo, Exodo 21, donde Dios ordena que el gobierno debe castigar con la muerte a los que violan el mandamiento de Exodo 20.

7. David mató a Urías, esposo de Betsabé. Sin embargo, no fue castigado con la pena de muerte.

a. David mismo sabía cuál tipo de justicia su crimen demandaba: “Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte (2 Sam. 12:5b).”

b. El hecho de que Dios haya decidido cancelar la pena no significa que el castigo sea injusto cuando se realiza. Dios mismo requerió la pena de muerte en una variada gama de situaciones.

B. La pena de muerte es sobreentendida en el Nuevo Testamento.

1. Dios ha ordenado la existencia de autoridades gobernantes y las ha investido con poder para aplicar la pena de muerte.

a. En Juan 19, Pilato le recuerda a Jesús que él, como gobernador de Judea, tiene autoridad para aplicar la pena de muerte. Jesús le responde: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba (Juan 19:11).”

b. Romanos 13:1-2 — “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.”

c. 1 Pedro 2:13-14 — “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien.”

2. Los gobiernos pueden aplicar la pena capital.

a. Romanos 13: 3-4 — “Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. ¿Quieres pues no temer la autoridad? haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo.”
La referencia a la espada es una clara alusión a la administración de la pena de muerte.

b. Hechos 25:11a — “Porque si algún agravio, o cosa digna de muerte he hecho, no rehúso morir.”
Estas palabras fueron emitidas por el apóstol Pablo y registradas por Lucas. Constituyen un claro e irrefutable testimonio por la legitimidad de la pena de muerte y su aprobación por parte del Espíritu Santo.

3. Comentarios en los previos puntos:

a. La autoridad dada a los gobiernos es investida por Dios. Toda autoridad se origina en Dios. Algunos gobiernos abusan esa autoridad y cualquier resistencia en relación proporcional al abuso y las posibilidades de prevalecer, es justificada.

b. Si bien no existe gobierno perfecto debido a la condición humana desde la Caída del hombre, es obvio que Dios dispuso y espera que los gobiernos administren la pena de muerte para castigar delitos graves. Aquellos gobernantes y autoridades que la aplican son llamados servidores o ministros de Dios.

c. Aquellos que resisten esa autoridad, i.e., el uso de la pena capital, resisten a Dios. Los que desde el campo cristiano se oponen a ella están en clara rebeldía contra Dios, y por lo tanto “acarrean condenación para sí mismos.”

C. Argumentos “bíblicos” contra la pena de muerte.

1. El argumento de la madre Teresa: “Jesús perdonaría.”

a. En 1992, la madre Teresa pidió clemencia para un despiadado asesino a punto de ser ejecutado en California, Robert Alton Harris. Teresa le dijo al gobernador que “Jesús perdonaría.” El gobernador hizo caso omiso del pedido. Personalmente, no tengo ningún respeto por el argumento de madre Teresa, ya que este argumento no muestra ningún respeto por la Palabra de Dios.

b. El argumento de la madre Teresa milita contra toda clase de pena judicial y aboga por absolución en toda clase de delito. Un ladrón roba una tienda, es capturado y condenado a cuatro años de cárcel. ¡Pero Jesús perdonaría!

c. ¿Conmutamos la pena de muerte y damos al reo prisión de por vida? ¡Pero Jesús perdonaría!

2. Jesús detuvo e impidió la ejecución de la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:3-11).

a. No hubo testigos que declararan contra la mujer. La Ley requería como mínimo dos testigos.

b. Jesús no invalidó la Ley en absoluto. Por el contrario, la confirmó. Al no haber testigos no hubo sentencia. Jesucristo usó la ley en forma inteligente de modo que los planes de los escribas y fariseos fueran frustrados.

3. Jesús oró por perdón para los que lo crucificaron (Luc. 23:34).

a. Jesucristo oró por el perdón a Dios Padre, no al César (el gobierno).

b. No significó que los culpables fueron perdonados automáticamente. Todo perdón de Dios es condicional y depende del arrepentimiento. El Libro de los Hechos narra que más adelante muchos de los judíos que causaron la crucifixión de Jesús se arrepintieron.

c. El ladrón de la cruz es un típico ejemplo. Fue perdonado por Jesús en base a su arrepentimiento, pero Jesucristo no abogó porque lo bajaran de la cruz. Esta hubiera sido una oportunidad magnífica para que Jesús hubiera hecho un último milagro antes de morir. De esta manera todos estaríamos convencidos de que la pena de muerte es inmoral.

d. La misericordia de Dios siempre está a nuestro alcance frente a Su tribunal. El tribunal humano es diferente, es gobernado por responsabilidades bíblicas diferentes.

4. La pena de muerte era válida para el Antiguo Testamento, pero la nueva ética de amor fijada por Cristo en el Nuevo Testamento la abroga.

a. Este argumento equivale a decir que la Ley fue abolida por Cristo. Jesucristo, en realidad cumplió la Ley pero no en el sentido de que eliminó todas las leyes de los libros. Si Cristo hubiera hecho eso, ya no habría ningún castigo para ninguna transgresión bíblica.

b. Mateo 5:17-19 — “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos.”

c. Ya hemos visto que el principio detrás de la pena de muerte es el criterio moral inherente en la Deidad. La Biblia enseña que Dios no cambia: Mal. 3:6; Heb. 6:17; Stg 1:17; etc. — Ambos, Antiguo y Nuevo Testamento apoyan la pena de muerte. Ni Jesús ni sus discípulos disputaron su legitimidad.

5. La pena capital mató a Jesucristo.

a. Hace algún tiempo, un militante contra la pena de muerte nos escribió textualmente:

“¿Pena de muerte?
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
la pena de muerte mató a Jesús
La muerte de Jesús me viene a decir que hay que exaltar la vida.”

Esta fue nuestra respuesta:

Conclusión desligada del asunto (falacia). “La pena de muerte mató a Jesús” — ¿Y qué sigue? ¿Que la pena de muerte no es válida? ¿Cuál es la idea? El punto central no es que Jesús fue víctima de la pena capital, sino Su inocencia. Mire como Pedro considera la entrega de un hombre inocente a sus ejecutores:
“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.”

Ni una sola palabra condenando la pena de muerte.

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Conclusión

Es exegéticamente erróneo concluir que la pena capital es inmoral. Igualmente, es imposible mostrar bíblicamente que la pena de muerte ha sido abolida por el Nuevo Pacto.

La validez de la pena de muerte no está abierta para diferentes interpretaciones. Si bien hay quienes están a favor (la consideran legítima bíblicamente) y otros en contra, ambas posiciones no pueden estar en lo cierto. O una es verdadera y otra es falsa, o ambas son falsas, pero ambas no pueden ser verdaderas. Esas son las opciones.

Debido a la falta de conocimiento de principios hermenéuticos por parte de muchos líderes de la Iglesia, un sin número de cristianos son ignorantes de que existen normas para interpretar la Escritura correctamente, y por ende piensan que la Biblia y sus pasajes pueden ser interpretados como uno desee. Las Escrituras mismas nos instruyen de que existen formas correctas e incorrectas de interpretar la Biblia (2 Pe. 3:16; 2 Tim. 2:15).

La posición anti-pena de muerte que sostienen ciertos cristianos, delata su escasa compenetración con la Biblia, su desconocimiento fatal del carácter de Dios y la significancia del Imago Dei en el hombre. También deja en evidencia la tendencia moderna de poner el énfasis en las emociones.

El cristiano moderno no está interesado en el estudio riguroso de las Escrituras. Sólo está interesado en como él o ella “sienten”, y definen la Verdad de acuerdo a sus sentimientos. Cuando son confrontados con un tema como el de la pena de muerte, simplemente “sienten” que es algo horrendo y no lo aceptan.

Las emociones humanas no juegan ningún rol en absoluto para determinar doctrina y moral en las Escrituras. En ningún momento Dios le preguntó a su pueblo cómo se sentían o qué pensaban con respecto a Sus Leyes. Estas debían de ser obedecidas independientemente de los sentimientos.

Siempre que existió un conflicto entre las emociones humanas y la Verdad Revelada, los autores de la Escritura reprendieron la emoción como una rebelión contra Dios (Rom. 9:14-23). Es a la luz de esta verdad que debemos entender la oposición a la pena de muerte por parte de ciertos sectores cristianos.

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