Música secular y bailes

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Música secular y bailes

En el ministerio del C.I.R. (Centro de Investigaciones Religiosas) recibimos muchas preguntas de nuestros amables lectores. Recientemente hemos recibido la siguiente:

¿Puede un cristiano escuchar música romántica, clásica, instrumental? ¿Por qué un cristiano no puede frecuentar bailes?

Esta fue nuestra respuesta:

Estimado lector/a:

Antes de contestar a sus preguntas, deseamos afirmar que los cristianos debemos, por todos los medios, evitar juzgar a otros con una actitud fariseica (Mt. 7:1-5). Por otro lado, somos llamados a tener discernimiento respecto a nuestra conducta y la de otros, aplicando los principios establecidos en la Escritura, ya que ésta nos ha dado todas las cosas necesarias en cuanto a doctrina y práctica (2 P. 1:3). La Biblia no menciona directamente los temas que usted plantea, pero sí nos ha dejado una guía clara respecto a los valores morales que deben caracterizar la vida del cristiano.

En su primera pregunta usted hace referencia a música romántica, clásica e instrumental. Nosotros. no vemos ningún problema con la música clásica e instrumental, yo mismo la escucho. No existe nada inherentemente malo en la música misma, clásica o no clásica. Lo que sí puede ser objecionable es el mensaje expresado en las letras. Muchos ritmos modernos tales como rock pesado o duro, hip hop, rap, etc., despojados de sus letras pierden su influencia negativa. En lo personal, pienso que a lo sumo, esta música peca de ser de horrenda calidad – pero esto no es más que la expresión de una cultura en decadencia donde todo, incluyendo la música, se deteriora vertiginosamente.

En cuanto a la primera categoría, música romántica, pensamos que usted se refiere flexiblemente tanto a las antiguas (llamadas “viejitas pero bonitas”) como a las baladas más modernas cantadas por intérpretes como Julio Iglesias, Emanuel, José José y pares. Como ve, no estoy al tanto de los más modernos – me quedé estancado en los años ochenta.

Las letras de estas canciones, en muchos casos, no se conforman a los parámetros bíblicos, y pienso que las cosas no han mejorado desde entonces, sino todo lo contrario. Por ejemplo, veamos una parte de la letra de una canción de Julio Iglesias, titulada “Para de jugar”:

“No sé si es tu sonrisa
no sé si es tu mirada
o lo que tú me haces
cuando las luces se apagan
Tres de la mañana
y no me puedo dormir
Ojalá supiera qué pretendes de mí”

Como usted puede ver, el contenido es inmoral. La Biblia, por el contrario, nos llama a “huir de la inmoralidad” (1 Co. 6:18; 2 Ti. 2:22) y a cosas por el estilo ni siquiera nombrarlas, o por inferencia, escucharlas (Ef. 5:3).

Debe quedar claro que un simple vistazo a las letras de las baladas modernas (románticas) confirma que el contenido sexual y sensual es más la regla que la excepción. Aun en algunas canciones de la “vieja guardia” podemos encontrar referencias a conceptos y situaciones reñidas con los líneamientos morales de la Escritura. He aquí algunas frases de canciones conocidas:

“Amanecí en tus brazos”
“Te cubrí el cuerpo con besos”
“Recorrí tu piel”
“La última noche que pasé contigo” (viejita pero bonita)

Un pasaje clave que debemos tener presente es Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Es obvio que un cristiano debe preguntarse: ¿Es lo que estoy escuchando verdad? ¿Es puro? ¿Trae gloria a Dios (1 Co. 10:31)? ¿Me edifica (Ef. 4:29)? ¿Hay virtud en esto? ¿Al escucharlo, hacia dónde van mis pensamientos? ¿Reacciona mi ser de una forma virtuosa cuando escucho estas cosas? La respuesta es entre Dios y usted. Lejos esté yo de determinarlo.

Otro punto a considerarse es que en el caso de algunas personas, las historias, circunstancias y sentimientos narrados en las letras traen recuerdos tristes de una vida pasada – una tragedia, un amor perdido, un sueño que no fue. Esto sumerge a la persona en el pasado trayendo nostalgia, melancolía y un estado depresivo en el cual Dios no quiere que moremos emocionalmente. Dios quiere que miremos hacia adelante, hacia la aventura de vivir para Cristo (Fil. 3:13-14). No debemos dejar que el pasado robe el gozo de Cristo en nuestros corazones.

Finalmente, digamos que existe una variedad inmensa de música que usted puede disfrutar, y mucha de ella es de carácter secular. No olvidemos que también hay en la actualidad  una plenitud de música cristiana para escuchar. Desde el punto de vista estrictamente musical, la música cristiana tampoco se escapa de ser mala, buena o excelente.

Yo pienso que es el Espíritu Santo en el cristiano, el que a medida que la persona madura en el conocimiento de Cristo, da las pautas y el discernimiento para determinar lo que escuchamos, al mismo tiempo que desarrolla nuestro gusto individual a los efectos de glorificar a Dios en todo lo que pensamos, hacemos, decimos y escuchamos.

Concerniente a su segunda pregunta, remarco que no está bien formulada, y me permito plantearla de esta forma: ¿Puede el cristiano frecuentar bailes? La respuesta puede ser dada en el mismo tenor que la primera. Al cristiano no se le prohibe ir a los bailes, pero recordemos las palabras del apóstol Pablo:

Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. 1 Cor. 6:12.

Es obvio que para muchos de nosotros existe en el baile y los ambientes donde hay baile, una atracción particular que no necesariamente es edificante. Aquellos que vinimos a Cristo conocemos nuestras debilidades y debemos actuar de cierta forma para no ser arrastrados por ellas. Para algunos, esto significa no concurrir a lugares donde sabemos que nuestras emociones pueden ser despertadas y conducirnos a pecar.

Si bien todos somos susceptibles al pecado, cada persona tiene su conjunto de deseos o debilidades particulares. Lo que puede ser motivo de tentación para mí, no necesariamente lo es para otra persona.

Satanás sabe que cierto tipo de carnada puede ser atractiva para algunos y totalmente inefectiva para otros. En mi caso particular, concurrir a los bailes me trae recuerdos de una vida inmoral y de rebeldía contra Dios, pero algo que mi carne disfrutó. Reconociendo el peligro, opto por huir de situaciones y lugares donde estoy expuesto a pecar contra Dios.

Para otro hermano puede que no sea problema. El punto es que no sabemos cómo la persona es afectada por ciertas costumbres, hábitos y circunstancias. Es por ello que siempre debemos plantearnos las mismas preguntas mencionadas en el primer tema, el de la música.

Algo más a tener presente es que los incrédulos siempre están observando nuestra conducta, y ellos son muy dados a señalarnos con su dedo acusador. Es nuestra responsabilidad cuidar nuestro testimonio por Cristo. Hemos sido llamados a ser diferentes, no mejores, pero diferentes. Hemos sido salvos para llevar otro estilo de vida. Si nos parecemos demasiado a ellos, podrían preguntarse: ¿Dónde esta la NUEVA VIDA de la que tanto hablan los cristianos?

Bendiciones en Cristo.

Pablo Santomauro

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