Carácter versus Carisma – Parte 11

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“Antes que te formase en el vientre te conocí; y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”

Si Jeremías, hubiera sido un hombre “carismático”, su pecho se hubiera inflado de orgullo como el de un pavo real, al escuchar las palabras que Dios dirigió a su persona el día de su llamado.

Asimismo, como buen “carismático”, Jeremías hubiera usado aquellas palabras como su arma de presentación para “atraer” a las multitudes diciéndoles: “Dios conocía que iba a nacer con tantos “dones naturales”, que iba a tener un “poder de persuasión” y un “ángel”, que para no perder la oportunidad de usarme en una manera única, decidió separarme desde el mismo momento que se concibió mi embrión en el vientre de mi madre”

¿Fue ésta la manera que le contestó el profeta a Dios?

En el libro de la Biblia que lleva como título su nombre; Jeremías nos deja saber la respuesta que le dio a Dios: “¡AH! ¡AH, SEÑOR JEHOVÁ! HE AQUÍ, NO SE HABLAR, PORQUE SOY NIÑO” (1:6)

En mi más de medio siglo de vida, no he conocido a ningún hombre que se considere “carismático” decir de sí mismo: “¡No sé hablar!. Si hay un rasgo en particular que describe a tal tipo de personas es su “diarrea de palabras”, como ya lo expresé anteriormente.

Por el contrario Jeremías, como su predecesor Isaías, siendo que tenía un gran respeto por Dios; reconoció “su falta de madurez, de experiencia y de elocuencia” (Vila-Escuain, Nuevo Diccionario Bíblico, Pág. 561)

La voz de Dios no se hizo esperar y vino a Su siervo diciéndole: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte” (1:7, 8)

Y extendiendo Dios su mano, tocó su boca y agregó: “He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar…Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos. Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová para librarte” (1:17-19)    

La descripción del ministerio que Dios ponía sobre los “lomos” del profeta para los siguientes cuarenta años de su vida eran muy precisas: anunciar la caída del reino de Judá y la invasión a su capital Jerusalén, el asiento del templo de Dios.

Kyle Yates, finísimamente describe la condición de Judá en la época de Jeremías:

“La luna de miel ha terminado. Dios le recuerda a la rebelde Israel el fervor, la ternura y la pureza del amor de los primeros días. Ella estaba desesperadamente enamorada de su Amante, y el amor tierno hacía que la vida rebosara de gozo, música y esperanza. Ella era pura, y limpia y santa. Ninguna deslealtad o pensamiento sucio manchaba la belleza de su devoción. Pero ahora el cuadro desgarra el corazón. El corazón de Dios está destrozado de pena y decepción. Israel está viviendo en pecado abiertamente. Es infiel a los votos del pacto. Otros dioses han robado su afecto. Ha dejado de amar a Yahvéh y su conducta es extremadamente vergonzosa.” (Predicando los Profetas, Pág. 139)

Los pecados de Israel, concluirían con el castigo y el destierro en Babilonia; y para advertir al pueblo del juicio venidero, Dios no necesitaba un hombre que se envolviera en intrigas políticas o reformas sociales transitorias y superficiales; sino un hombre de “carácter”, que no diluyera Su Palabra, para que ésta pudiera llegar a lo más profundo del corazón humano.

La hora demandaba todo un caudillo como Jeremías; para que arremetiera en contra de los falsos profetas y pastores que mentían descaradamente al pueblo prometiéndoles prosperidad y seguridad.

La hora demandaba todo un caudillo como Jeremías; para que pregonara al pueblo que Dios traería sobre ellos hambre, pestilencia y espada.

La hora demandaba todo un caudillo como Jeremías; para que hiciera honor al nombre que le pusieron sus padres: “¡JEHOVÁ LEVANTA!”.

“Al anunciar la destrucción de su patria, se atrajo el odio de sus paisanos. La carga de su mensaje le hizo lanzar amargos lamentos, y el mismo deseo de no haber nunca nacido. (15:10; 20:14-18). Pero el profeta no cejó en su misión. Se halló solo, incomprendido, difamado, perseguido…JEREMÍAS NO TUVO NI VIDA DE FAMILIA, NI AMIGOS (16:1-9); frecuentemente detenido, no tuvo otro consuelo que el del Señor. Forzado a refugiarse en Dios, Jeremías comprendió EN QUE CONSISTE LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL (17:9; 31:29, 30)…La predicación de Jeremías desenmascaraba la hipocresía…exhortando a la rectitud e integridad.” (Vila-Escuain, Nuevo Diccionario Bíblico, Págs. 562, 563)

¿Existen en el día de hoy pastores como Jeremías?

¿Existen en la iglesia de nuestros días creyentes como Jeremías?

Gracia y Paz
Sergio A. Perelli
“Amigo de Jesús”

“Antes que te formase en el vientre te conocí; y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”

 

Si Jeremías, hubiera sido un hombre “carismático”, su pecho se hubiera inflado de orgullo como el de un pavo real, al escuchar las palabras que Dios dirigió a su persona el día de su llamado.

 

Asimismo, como buen “carismático”, Jeremías hubiera usado aquellas palabras como su arma de presentación para “atraer” a las multitudes diciéndoles: “Dios conocía que iba a nacer con tantos “dones naturales”, que iba a tener un “poder de persuasión” y un “ángel”, que para no perder la oportunidad de usarme en una manera única, decidió separarme desde el mismo momento que se concibió mi embrión en el vientre de mi madre”

 

¿Fue ésta la manera que le contestó el profeta a Dios?

 

En el libro de la Biblia que lleva como título su nombre; Jeremías nos deja saber la respuesta que le dio a Dios: “¡AH! ¡AH, SEÑOR JEHOVÁ! HE AQUÍ, NO SE HABLAR, PORQUE SOY NIÑO” (1:6)

 

En mi más de medio siglo de vida, no he conocido a ningún hombre que se considere “carismático” decir de sí mismo: “¡No sé hablar!. Si hay un rasgo en particular que describe a tal tipo de personas es su “diarrea de palabras”, como ya lo expresé anteriormente.

 

Por el contrario Jeremías, como su predecesor Isaías, siendo que tenía un gran respeto por Dios; reconoció “su falta de madurez, de experiencia y de elocuencia” (Vila-Escuain, Nuevo Diccionario Bíblico, Pág. 561)

 

La voz de Dios no se hizo esperar y vino a Su siervo diciéndole: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte” (1:7, 8)

 

Y extendiendo Dios su mano, tocó su boca y agregó: “He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar…Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos. Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová para librarte” (1:17-19)

 

La descripción del ministerio que Dios ponía sobre los “lomos” del profeta para los siguientes cuarenta años de su vida eran muy precisas: anunciar la caída del reino de Judá y la invasión a su capital Jerusalén, el asiento del templo de Dios.

 

Kyle Yates, finísimamente describe la condición de Judá en la época de Jeremías:

 

“La luna de miel ha terminado. Dios le recuerda a la rebelde Israel el fervor, la ternura y la pureza del amor de los primeros días. Ella estaba desesperadamente enamorada de su Amante, y el amor tierno hacía que la vida rebosara de gozo, música y esperanza. Ella era pura, y limpia y santa. Ninguna deslealtad o pensamiento sucio manchaba la belleza de su devoción. Pero ahora el cuadro desgarra el corazón. El corazón de Dios está destrozado de pena y decepción. Israel está viviendo en pecado abiertamente. Es infiel a los votos del pacto. Otros dioses han robado su afecto. Ha dejado de amar a Yahvéh y su conducta es extremadamente vergonzosa.” (Predicando los Profetas, Pág. 139)

 

Los pecados de Israel, concluirían con el castigo y el destierro en Babilonia; y para advertir al pueblo del juicio venidero, Dios no necesitaba un hombre que se envolviera en intrigas políticas o reformas sociales transitorias y superficiales; sino un hombre de “carácter”, que no diluyera Su Palabra, para que ésta pudiera llegar a lo más profundo del corazón humano.

 

La hora demandaba todo un caudillo como Jeremías; para que arremetiera en contra de los falsos profetas y pastores que mentían descaradamente al pueblo prometiéndoles prosperidad y seguridad.

 

La hora demandaba todo un caudillo como Jeremías; para que pregonara al pueblo que Dios traería sobre ellos hambre, pestilencia y espada.

 

La hora demandaba todo un caudillo como Jeremías; para que hiciera honor al nombre que le pusieron sus padres: “¡JEHOVÁ LEVANTA!”.

 

“Al anunciar la destrucción de su patria, se atrajo el odio de sus paisanos. La carga de su mensaje le hizo lanzar amargos lamentos, y el mismo deseo de no haber nunca nacido. (15:10; 20:14-18). Pero el profeta no cejó en su misión. Se halló solo, incomprendido, difamado, perseguido…JEREMÍAS NO TUVO NI VIDA DE FAMILIA, NI AMIGOS (16:1-9); frecuentemente detenido, no tuvo otro consuelo que el del Señor. Forzado a refugiarse en Dios, Jeremías comprendió EN QUE CONSISTE LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL (17:9; 31:29, 30)…La predicación de Jeremías desenmascaraba la hipocresía…exhortando a la rectitud e integridad.” (Vila-Escuain, Nuevo Diccionario Bíblico, Págs. 562, 563)

 

¿Existen en el día de hoy pastores como Jeremías?

 

¿Existen en la iglesia de nuestros días creyentes como Jeremías?

 

Gracia y Paz

Sergio A. Perelli

“Amigo de Jesús”

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