Carácter versus Carisma – Parte 18

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Unos años después de que aquella joven de “hermosa figura y de buen parecer” llamada Hadasa, es decir Ester; fuera elegida e instalada como reina en el palacio de Susa, la capital del imperio Persa (2:7,17, 3:7), “el rey Asuero engrandeció a Amán…y lo honro y puso su silla sobre todos los príncipes  que estaban con él. Y todos los siervos del rey se arrodillaban y se inclinaban ante Amán, porque así lo había mandado el rey; pero Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba(3:2)

La conducta de Mardoqueo fue denunciada a Amán. Su corazón se “llenó de ira” (3:5) no solamente porque no se humillaba delante de su presencia, sino porque también se había enterado de que Mardoqueo era judío.

Entonces, Amán persuadió al rey Asuero para que le diera la autorización de enviar cartas a las ciento veintisiete provincias de su reino “con la orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día…” (3:13)

El relato de las Sagradas Escrituras, nos dice que la ciudad de Susa se conmovió con la noticia del decreto del rey, y que Mardoqueo “rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad clamando con grande y amargo clamor” (4:1) Asimismo, se nos informa que los judíos en cada provincia tenían “gran luto, lloro y lamentación” (4:4)

Las doncellas y los siervos de Ester, le hicieron saber lo que estaba aconteciendo. La “reina tuvo gran dolor” (4:4) y ordenó a Hatac, uno de los eunucos del rey que había sido puesto a su servicio para que se reuniera con Mardoqueo.

Su amado tío “le dio noticia de la plata que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey a cambio de la destrucción de los judíos y le dio también la copia del decreto…para que fuesen destruidos, a fin de que lo mostrase a Ester…y le encargara que fuese ante el rey a suplicarle y a interceder delante de él por su pueblo(4:5-9)

Asimismo, Mardoqueo exhortó firmemente a Ester así: “No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis(4:13,14)

¿Qué es lo que hizo Ester?

Una persona “carismática”, que generalmente tiene la tendencia de tratar de cumplir sus objetivos personales, sin importarle “quien vea caer o haga caer a su lado”, hubiera cometido un acto de deslealtad aún en contra de un familiar querido o quizás hubiera sido un traidor o “vende patria” como ha sucedido en todas las épocas de la historia de la humanidad.

Ester era una mujer de “carácter” y por lo tanto no traicionó a su pueblo; como Judas lo hizo con Jesús que prefirió ensuciar sus manos con treinta monedas de plata, a cambio de ser limpio con la sangre del Cordero de Dios. Tampoco, la reina se lavó las manos como lo hizo Poncio Pilato frente a un pueblo enceguecido que escogió perdonar la vida de un asesino como Barrabás, en vez de la del Cordero en el cual no se halló ningún pecado.

La Biblia nos dice que “Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; Y SI PEREZCO, QUE PEREZCA(4:15, 16)

Matthew Poole, comentando sobre esta frase inmortal de Ester y especulando acerca de lo que pasó por la mente de la reina en aquella situación dramática escribió:

“Aunque el peligro que corro sea evidentemente grande, considerando lo explícito de esa ley, lo incierto de la mente del rey, y la severidad que mostró a mi predecesora Vasti, sin embargo, antes que descuidar mi obligación hacia Dios y su pueblo, iré ante el rey y me abandonaré alegre y resueltamente a la providencia de Dios para mi seguridad y éxito.” (Comentario de Matthew Poole a la Santa Biblia, Pág. 913)

Ester, decidió renunciar a sus intereses personales y reconociendo de que no estaba en aquella posición de honor, poder y eminencia en Persia, por su “belleza física”, su “ángel”, o su “don natural de persuasión”, buscó la dirección de Aquel que es “Dios de siglos en siglos, de quien son el poder y la sabiduría…que quita reyes, y pone reyes” (Daniel 2:20, 21)

(Continuará)

Gracia y Paz
Sergio A. Perelli
“Amigo de Jesús”

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