La muerte del Dr. Tiller

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La muerte del Dr. Tiller

Por Pablo Santomauro

El domingo 31 de mayo un asesino puso fin a la vida del Dr. George Tiller, un doctor abortista conocido por estar a la vanguardia en los abortos de nacimiento parcial (o de gestación avanzada). Tiller desarrolló un método especial para abortar bebés cualquiera sea la etapa de su desarrollo y la razón que la madre argumente. Las excusas variaban desde que el nacimiento causaría la depresión de la madre o dificultades en su futuro, a la posibilidad de que la madre no pudiera participar en deportes o asistir a conciertos. Dr. Tiller aceptaba cualquier razón como válida para abortar bebés perfectamente normales  aun en el último trimestre de embarazo, cosa que prácticamente ningún doctor haría. Su clínica en Wichita, Kansas, es una especie de Meca para mujeres desnaturalizadas que desean abortar bebés  saludables prontos a nacer. El Dr. Tiller se hizo millonario dirigiendo su centro de homicidio institucionalizado, y también se había ganado el justo apodo de “Tiller the Killer” (Tiller el asesino – no rima en español).

Tiller encontró la muerte cuando el pasado domingo Scott Roeder, a quien podemos considerar irónicamente como un abortivo de esta sociedad, le disparó a quemarropa. La muerte de Tiller ha creado una tormenta entre activistas de ambos lados. Los promotores de la cultura de muerte culpan a las organizaciones pro-vida por la conducta de individuos como Roeder, quien en una mueca sarcástica del destino pasará a la historia como “Killer of Tiller”. Culpar al movimiento pro-vida es, por supuesto, una maniobra política para incitar al público contra el cristianismo en general, y esto no nos debe sorprender viniendo del campo de los sectores sin principios morales como las tiendas del partido demócrata. Son los que ponen el grito en el cielo por la muerte de Tiller pero apoyan la carnicería de millones de seres inocentes en el vientre de su madre.

Por otra parte, las organizaciones cristianas pro-vida como Operation Rescue, Focus on the Family y otras, se han apresurado a condenar el asesinato de Tiller en los términos más claros y categóricos. Esto es entendible ya que las represalias de un gobierno presidido por un apasionado abortista como Hussein Barak Obama siempre están al acecho en el horizonte.

Una cosa debe quedar en claro, el asesino de Tiller no es cristiano. Tiene antecedentes de participación en un grupo de oposición al gobierno de matices anarquistas, y fue arrestado anteriormente por posesión de armas y materiales explosivos. También se conoce que usa pasajes bíblicos para justificar su retórica y sus acciones antibíblicas.

Otro detalle de esta historia que parece no generar muchos comentarios desde filas cristianas (al menos no los he visto) es el hecho de que George Tiller fue muerto en los predios de una iglesia. ¿Qué clase de iglesia puede amparar en sus atrios a un monstruo como Tiller? Respuesta: Iglesias como la Iglesia Luterana de la Reforma, de Wichita, Kansas. Tiller era miembro activo de esta iglesia y en el momento de su muerte oficiaba de ujier mientras que su esposa cantaba en el coro. ¿No es ésta una escena tierna? Esta es una iglesia muerta y un ejemplo de la decadencia del cristianismo y la sociedad americana. También es una ilustración moderna de lo que la Biblia llama “sinagoga de Satanás”.

Personalmente, y no incluyo a nadie en lo que voy a decir, no justifico la muerte de Tiller. Tampoco la lamento como no lamentaría la muerte de Hitler. Dios conceda a la familia de Tiller tanto como a Roeder, el don del arrepentimiento (por si no sabía, ya sabe cómo orar), porque entre homicidas anda la cosa. <>

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