Responsabilidades del cristiano frente al estado

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Responsabilidades del cristiano frente al estado

 

Recientemente el Pastor Daniel Brito nos alertaba en su blog de la activa y exitosa campaña que las fuerzas alineadas contra la libertad de religión vienen llevando a cabo en este país. Como bien lo dijo el pastor, en realidad el blanco en la mira no es la religión sino el Cristianismo. Estos militantes no tienen problemas con el islam, el Dalai Lama, los liberales religiosos ecuménicos del Concilio Nacional de Iglesias, o los lunáticos sectarios de diferentes clases. El artículo en cuestión nos informaba del último incidente de una larga lista en los últimos años y que es digno de la peor pesadilla, ¡dos funcionarios de una escuela en el estado de Florida enfrentan cargos criminales por levantar una oración durante un homenaje público! ¡Con razón el pastor tituló su informe, “Hasta donde hemos llegado en este país”!

Tomando en cuenta que estamos viviendo en tiempos postcristianos y definitivamente peligrosos, los creyentes debemos repasar cuáles son los parámetros  bíblicos que marcan nuestra relación con el estado. Ya no podemos pretender o suponer que América sera siempre un tierra de libertad. El gobierno gradualmente va cercenando nuestros derechos y libertades. Si hace 100 años alguien hubiera pronosticado que llegaría el día en que el gobierno declararía ilegal el ejercicio de actividades religiosas en las escuelas y lugares públicos, la respuesta hubiera sido, “Eso nunca ocurrirá”. Hoy por hoy, podemos lamentar, “¿Por qué ha ocurrido aquí?”

La pregunta anterior no es difícil de contestar: Los humanistas seculares controlan hoy los medios de comunicación, el gobierno y la educación. ¿Qué es el humanismo secular? Es una filosofía que dice que “el hombre es la medida de todas las cosas”. El hombre es su propio dios. No hay un Dios supremo que nos creó. Evolucionamos fortuitamente, por azar. No hay valores éticos absolutos. El estado legisla en asuntos morales y éticos mediante el uso de poder arbitrario. Su valor como ser humano es directamente proporcional a la forma en que usted es útil al estado.

El sueño de estos humanistas, actualmente en posiciones de gobierno con Obama a la cabeza, es eliminar nuestras libertades políticas y religiosas. En su delirio, piensan que un grupo elitista debe controlar la nación. Cualquier individuo o grupo, sea económico, religioso, politico o educacional que no adhiera al credo  humanista debe ser reprimido y en última instancia exterminado. El estado será la suprema autoridad en todas las cosas. Si usted se opone a esto, ya sea enseñando el cristianismo a sus hijos, oponiéndose al aborto, la eutanasia, la agenda  homosexual, etc., usted pertenece a la clase de los retrógrados sin esperanza de conversión al humanismo y por lo tanto debe ser reprimido. ¿Es éste el futuro cercano en los EEUU?

¿Cuál debe ser la actitud del creyente frente al estado? Antes de explicarla sistemáticamente corresponde enfatizar que nuestra prioridad debe ser nuestra ciudadanía celestial (Fil. 3:20; He. 11:13-16), en oposición directa a actitudes como el nacionalismo (“mi país primero, no importa si estamos equivocados”), y el nacionalismo racial (estilo Alemania de Hitler).

Ahora, nuestras responsabilidades:

1)    Orar por nuestros líderes (1 Ti. 2:1-2)

2)    Pagar los impuestos (Ro. 13:6)

3)    Respetar a las autoridades y sus representantes (Ro. 13:7; 1 P. 2:17)

4)    Obedecer las leyes válidas (1 P. 2:13-17)

5)    Apoyar la ley y el orden (1 Ti. 2:2)

6)    Predicar y actuar en favor de la libertad (derechos religiosos, civiles, etc.)

7)    Obedecer las ordenanzas (saludar la bandera, acatar llamados al ejército, etc) (1 P. 2:13)

8)    Elegir personas honestas a los puestos de gobierno (votar, hacer campaña, etc.)

9)    Emplear todos los medios legales para asegurar la libertad y/o protección de los ciudadanos (Hch. 22:25-29; 25:11)

10) Predicar el evangelio a los líderes (Mt. 28:19)

11) Involucrarse en la defensa de nuestro país (física o intelectualmente) cuando la nación lleva a cabo una guerra justa (Jue. 2:16; 3:12-30)

12) Estar preparados para trabajar con el fin de derrocar un gobierno dictatorial o luchar contra un poder extranjero que invade nuestro país. Cuando un gobierno no funciona de acuerdo a Romanos 13:1-5, ese gobierno ya no puede considerarse como ordenado por Dios. Esto es particularmente importante si el gobierno persigue a la Iglesia. Un buen ciudadano cristiano debe levantarse contra este tipo de gobierno corrupto. <>

 

Pablo Santomauro

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