PECANDO A FAVOR DE LA GRACIA

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PECANDO A FAVOR DE LA GRACIA

Autor: Sergio A. Perelli

El título no es de mi autoría, sino que era una de las frases célebres de las tantas que aprendí del Pastor Chuck Smith, hoy disfrutando de la vida eterna recibida por Jesús, acerca de quien predicó por cinco décadas de su vida ministerial.

En algunas oportunidades, como parte de su mensaje de apertura de la Conferencia Internacional de Pastores de Calvary Chapel escuché salir de sus labios las siguientes palabras: “Algunos pastores no nos acompañan como lo hicieron el año pasado”.

El Pastor Chuck, no estaba haciendo referencia a aquellos pastores que habían partido con el Señor o que ya no estaban afiliados al movimiento por diferencias de orden teológico, etcétera; la razón de su connotación era en alusión a pastores que habían cometido adulterio.

Pero lo que más entristecía su corazón, era que con algunos de ellos había ‘pecado a favor de la gracia’, y con esta expresión lo que deseaba dar a entender era que a este grupo de pastores, él les había extendido gracia en abundancia, pero que en algunos de ellos no hubo frutos de un arrepentimiento genuino, volvieron al vómito de su pecado, y no solamente fueron removidos de sus funciones ministeriales, sino que sus matrimonios terminaron en divorcio.

No todas las situaciones tuvieron un final trágico, he conocido también historias de hombres que se arrepintieron de su pecado, aceptaron la disciplina de gracia impuesta por el Pastor Chuck, Dios obró en una reconciliación matrimonial, y después de un tiempo prudencial fueron nuevamente integrados a su vida ministerial.

Comencé a escribir este artículo dos días después de que estallara la noticia por diferentes medios de información que uno de los pastores más prominentes de nuestra asociación de iglesias, renunció a su posición de líder espiritual por inmoralidad sexual.

Obviamente, el impacto emocional a nivel personal ha sido muy fuerte, y no tengo ninguna duda que lo mismo ha ocurrido con mis colegas en el ministerio, la familia del movimiento a nivel mundial y en especial la congregación cuyo pastor principal de aproximadamente treinta años, sucumbió primero en el pecado de la seducción y luego de la violación de sus votos matrimoniales.

No es mi intención ‘hacer leña del árbol caído’, pero por otro lado creo que es importante aclarar algunas cosas respecto a la temática del pecado del adulterio.

Si bien es cierto que para Dios ‘pecado es pecado’, y si alguien tiene alguna duda le sugiero volver a leer Gálatas 5:19-21; el adulterio destruye no solamente el carácter y la reputación  moral del ofensor, sino que es un golpe mortífero a la santidad del matrimonio y la integridad emocional de una esposa e hijos.

 

La caída de Adán y Eva nos ha dejado la triste herencia de una naturaleza depravada, y una tendencia pervertida a ‘racionalizar’ nuestro obrar en la carne; y así como encontramos ‘explicaciones’ de nuestros pecados, obviamente que nos sentimos como con una ‘obligación’ de ‘excusar’ los del prójimo.

Asimismo, tampoco faltan a aquellos que esgrimen versículos como Mateo 7:1,5; Romanos 2:1; 1 Corintios 10:12; 1 Timoteo 1:15; que tienen una verdadera razón de estar en la Palabra de Dios, pero no para ser usados ligeramente y así evadir nuestra responsabilidad de juzgar y confrontar el pecado desde la perspectiva de Dios, que siempre es contraria a la del hombre.

En el caso de David, Dios puso todo el énfasis de responsabilidad en el rey: “Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová… ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?” (2 Samuel 11:27; 12:9).

La realidad es que el pecado de adulterio es usado por Satanás para producir los efectos de un terremoto de 8 en la escala de Richter, y siempre es acompañado de un tsunami que destruye la unidad de la iglesia, mina la fe de muchos creyentes y contribuye a la burla e injuria del mundo…porque “la paga del pecado es muerte”.

Gracias a Dios que Romanos 6:23 no concluye con las palabras del párrafo anterior, sino: “mas la dádiva de Dios es vida eterna en Jesús”.

¿Qué es lo que Dios espera de nosotros? El apóstol Pablo nos da la respuesta:

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado(Gálatas 6:1).

“Amado Padre celestial, ruego que mi hermano le permita a Jesús rescatarlo de la muerte del pecado para levantarse a novedad de vida; que el Espíritu Santo produzca en su corazón un arrepentimiento verdadero y genuino. Si es Tu voluntad, abre la puerta de la reconciliación en su matrimonio y en Tu tiempo que su credibilidad como esposo, padre y ministro del Evangelio sea restaurada. Asimismo, te damos gracias por volver a recordarnos lo frágiles que somos cuando apartamos nuestra vista del Pastor y Obispo de nuestras almas”.

Gracia y Paz
Sergio
Amigo de Jesús

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