“La Verdad Duele…” Mi editorial acerca de Robin Williams

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Autor: Sergio A. Perelli

El 11 de Agosto de 2014, el actor Robin Williams fue encontrado sin vida en su casa de Cayo Paraíso cerca de la población  de Tiburón, perteneciente al Condado de Marin, al norte de San Francisco, California.

Un día después, las autoridades del área presentaron públicamente  a los medios de comunicación  la noticia oficial de que Williams se había suicidado por asfixia, y que su cuerpo yacía  ligeramente suspendido en el aire, con un cinturón atado a su cuello por un extremo y el otro enganchado en la parte superior de un armario de su dormitorio.

La trágica muerte del popular cineasta  y comediante a la edad de 63 años, ganador de un Oscar y varios Globos de Oro; ha consternado el mundo que gira alrededor de Hollywood: directores, productores, colegas de profesión y a sus admiradores como actor, de los cuales me considero uno de ellos. Mis películas preferidas siguen siendo: El Indomable Will (Good Will Hunting), La Sociedad De Los Poetas Muertos (The Dead Poets Society), y Señora  Doubtfire.

La adicción al alcohol y a la cocaína fue admitida por el mismo Williams entre los años 1970 y 1980.

El 5 de Marzo de 1982, el también comediante John Belushi quien había estado de juerga la noche anterior  con Robin Williams y Robert De Niro, amaneció sin vida en una habitación del Hotel Chateau Marmont de la ciudad de Los Angeles. John Belushi, le había pedido a su amiga Cathy Smith que le inyectara una dosis de Speedball (cocaína y heroína), lo cual le produjo un ataque cardíaco que le provocó la muerte.

En aquel entonces Robin Williams, declaró su compromiso público de cortar con el consumo de alcohol y drogas; pero el sabio Salomón hace tres mil años escribió: “Como perro que vuelve a su vómito; así es el necio, que vuelve a repetir su necedad” (Proverbios 26:11).

Posiblemente no muchos tengan el conocimiento de que Robin Williams era miembro de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos de América, pero aún su afiliación con la mencionada organización la describía satíricamente  y de esta manera: “tengo la idea de ser un protestante-episcopaliano-católico…pero light” (Johnson, Caitlin A. Marzo 7,2007. A License To Laugh. CBS News).

Anteriormente, en la década de los años 1980 había declarado de Dios lo siguiente: “La cocaína es el instrumento que Dios usa para decirte de que estás haciendo mucho dinero”.

Entonces no es de extrañar que Robin Williams tuviera un concepto distorsionado de lo que es ser parte de una iglesia, porque también la tenía de Dios.

Leí numerosos artículos y editoriales acerca de la problemática de Robin Williams en su vida privada y pública afuera del círculo de las Luces, Cámaras y Acción de Hollywood , y mucho se ha escrito de las posibles razones por las cuales él estaba atrapado en prácticas dañinas para su persona y relaciones interpersonales: presiones de su círculo de amistades y de su profesión, substanciales pérdidas económicas como consecuencia de sus dos previos divorcios, la ineficacia de los programas de rehabilitación, y el haber entrado al primer estado de la enfermedad de Parkinson según su tercera esposa Susan Schneider.

Pregunta para meditar: ¿Entonces el admirado actor  no tuvo absolutamente ninguna responsabilidad en relación a sus decisiones personales, y fueron solamente las causas externas las que lo llevaron a la depresión, la ansiedad y finalmente al suicidio?

¿Estoy yo realmente sorprendido? ¡No! La misma perspectiva tomó el mundo en general frente a la muerte de Michael Jackson, Whitney Houston, y podría agregar  a otros tantos a la lista!

La misma problemática de excusar, evadir, racionalizar  y cargar a otros con la culpabilidad de los pecados propios  no es nueva para Dios; porque El mismo recibió una dosis acusativa de parte de Adán y Eva, a pesar de que fueron ellos los que usando su pleno derecho electivo  tomaron la decisión de rendirse a la seducción de Satanás.

Hoy los medios de comunicación liberal y los especialistas de la conducta humana, en última instancia también hubieran puesto el enfoque de lo ocurrido en el Jardín del Edén, no en Adán y Eva, sino en Dios porque al fin de cuentas: El fue el responsable de crearlos y de permitir que el diablo se posicionara en un árbol del Paraíso.

Pero, ¿qué es lo que más me preocupa? La plaga de no tomar título de propiedad por las obras de la carne a nivel personal, hace ya mucho tiempo que está en el seno de la Iglesia; y son miles los pastores y líderes espirituales que por no ser tildados de tener un espíritu de ‘condenación’, han optado por el camino más fácil; el de la no ‘confrontación’, por miedo a no arriesgarse a que su ‘oveja’ se vaya a otra congregación.

¿Cuál era la realidad en la vida de Williams?

“Debajo de esa energía frenética y de un interminable sentido de buen humor, residían demonios tan obscuros que llevaron a Robin al suicidio” (Haven Daley & Hillel Italie. AP Entertainment Writers).

Un viejo refrán dice: “La verdad duele, pero no ofende”. Yo personalmente creo que en el mundo  contemporáneo en el cual vivimos: “La verdad duele…y sí ofende”, incluso en la iglesia.

¿Por qué? ¡Es más cómodo culpar a ‘otros’ por nuestros pecados y lavarnos las manos para justificar nuestros actos de desobediencia!

En las Sagradas Escrituras tenemos el ejemplo de un hombre llamado David que se sometió a pagar las consecuencias de sus pecados sin culpar ni a Dios, ni a otras personas, ni a las circunstancias que rodearon el contexto de sus malas decisiones. Los Salmos 32, 38 y 51 son pruebas fehacientes de lo que he escrito en el párrafo anterior. Asimismo en el Salmo 139, David expresó lo siguiente:

“Examíname (Confróntame), oh Dios, y conoce mi corazón. Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad; y guíame en el camino eterno” (versículos 23,24).

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