ACOSO SEXUAL: ¿EN LA IGLESIA?

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ACOSO SEXUAL: ¿EN LA IGLESIA?

Autor: Sergio A. Perelli

El Apóstol Pablo entre muchas exhortaciones que escribió a la Iglesia de Filipos encontramos la siguiente: ‘Amados hermanos…concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza’ (Filipenses 4:8, Nueva Traducción Viviente).

Uno pudiera pensar que la triste problemática del acoso sexualsolamente ocurre en el mundo artístico, deportivo, periodístico o en cualquier ámbito laboral de orden secular, pero lamentablemente no es así; también ocurre en el seno de la Iglesia: Católica Romana o Protestante Evangélica.

Hace unos años atrás en la Conferencia de la Asociación de Periodistas Cristianos, el Sr.Boz Tchividjian, Profesor de Derecho de Liberty University en Lynchburg, Virginia, denunció el ‘silencio’ y la ‘faltade atención’ de los líderes evangélicos a los acosos sexuales en las iglesias. Asimismo, comunicó a los participantes del simposio que en el 25% de los casos las personas eran reincidentes, habían sido despedidos o disciplinados en una congregación pero se habían unido a otra y algunos estaban activamente involucrados en un ministerio, lo cual implicaba un descuido de parte de la iglesia en no tener un sistema administrativo para investigar los antecedentes de sus miembros.

El presente artículo no tiene como objetivo tratar exhaustivamente la temática, ni tampoco abordar las diferentes clasificaciones de acoso sexual, pero sí confrontar una problemática que hoy se presenta en la Iglesia y frente a la cual no podemos omitir de prestarle atencióny menos permaneceren silencio.

La Oficina de Víctimas de Crimen (O.V.C.) del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, define el acoso sexualcomo ‘cualquier gesto o conducta sexual no deseado, que se repita varias veces o que ocurra una sola vez de manera grave. El acoso sexual puede ser expresado verbalmente, por escrito como en papel, correo electrónico o mensajes en el celular, etcétera y por medio de contactos físicos como manoseos, rozamientos forzados, acariciar o frotar partes del cuerpo de otra persona’. Y la Organización Mundial del Trabajo (O.I.T.): ‘comportamiento en función del sexo, de carácter desagradable y ofensivo para la persona que lo sufre. Para que se trate de acoso sexual es necesaria la confluencia de ambos aspectos negativos:no deseado y ofensivo’.

Los estudios realizados dentro del mundo eclesiástico demuestran que por lo general hay dos clases de acosadores sexuales: el acosador privado y el acosador pasivo.

El acosador privado muestra una faceta conservadora y tranquila en su contorno público, pero que finalmente hace relucir su verdadero carácter. Su estrategia es la de hostigar a su víctima de una manera astuta y solapada que de descubrirse su acoso deja en el aire el dilema de ‘tu palabra contra la mía’, lo cual hace dificultoso que la víctima pueda probar contundentemente que fue acusada.

El acosador pasivo es el que comienza flirteando sutilmente con halagos de la belleza o el cuerpo de la otra persona, le hace el ‘ascensor’ con los ojos, etcétera. El objetivo del acosador pasivo es que sus insinuaciones despierten una respuesta positiva de parte de la víctima, lo cual de acuerdo a su perspectiva le abre una puerta para continuar su hostilidad para después en caso de agravarse la situación, pueda alegar en su defensa que no fue culpable de ningún delito.

Lamentablemente, se pueden presentar situaciones que el pastor principal después de haber analizado los hechos y dado previo conocimiento de los mismos a su junta directiva o grupo de liderazgo, se ha visto forzado a solicitarle al agresor que no continúe asistiendo a las actividades de la iglesia y tal decisión no ha sido tomada con buen agrado por familiares y/o amistades del acosador, los cuales se convirtieron en lo que el autor llama los ‘abogados del diablo’.

La realidad es que aquellas personas que tratan de excusar lo inexcusable y defender lo indefendible, en su falta de objetividad y discernimiento moral y/o espiritual pasan por alto un punto muy importante: que el acosador no es la víctima, la víctimaes la persona agredida la cual sufrirá una serie de efectos tanto físicos como emocionales significativos, entre los que se destacan la ansiedad, depresión, migraña, desórdenes traumáticos, de concentración o del sueño, futuros problemas de vinculación e identificación, etcétera.

En el año 2006, el Consejo Mundial de Iglesias que tuvo su asamblea general en Porto Alegre, Brasil, expresó que lo ‘más importante son los sentimientos de la persona que se ve sometida a cualquier comportamiento no deseado, y esto depende de cada persona y del contexto. Finalmente, el acoso no es lo que alguien pretender hacer, sino cómo repercuten sus acciones en los sentimientos y el bienestar de otra persona’.

Por lo tanto, el C.M.I. propuso algunas medidas destinadas a prevenir el acoso sexual y defenderse del mismo las cuales fueron comunicadas en un artículo titulado: Una Repuesta Pastoral y Pedagógica al Acoso Sexual.

*La persona acosada nunca es culpable del acoso. Dado su carácter, el acoso es una atención o un comportamiento no deseados y no se realiza de común acuerdo.

*Si el comportamiento de alguien lo hace sentir incómodo, confíe en su intuición. Las personas que sufren acoso intentan racionalizar o negar lo que realmente está ocurriendo.

*Tenga claro y deje claro a los demás cuáles son sus límites personales y rechace cualquier gesto o contacto impropio. Si está sometido a acoso puede decir ‘no’ con una mirada, palabras o gestos. El silencio tal vez únicamente aumente el acoso.

*En casos de que el acoso persiste, hable del asunto con gente de su confianza. Se trata de algo fundamental para que otros no sufran el mismo trato. Si el caso es grave que sea necesario tomar otro tipo de acciones y/o recursos será muy útil hacer un informe verbal y escrito sobre lo ocurrido.

*Las iglesias y el Consejo Mundial de Iglesias deben crear una comunidad verdaderamente participativa en la cual no se tolerará el acoso sexualy los agresores estarán sujetos a las medidas disciplinarias que correspondan.

El acoso sexual ni físico ni verbal nunca debería ocurrir en la Iglesia, pero no debemos olvidarnos de que la misma serpiente que hizo caer a Adán y Eva en el Jardín del Edén, también ha entrado al cuerpo de Cristo y como consecuencia se producen incidentes de este tipo y otros relacionados, en un ámbito en que solamente debería reinar la santidad.

Entonces, ¿cuál debería ser nuestra posición, conducta y actitud frente a la mencionada obra de la carne? El mandamiento fue dado con mucha claridad y firmeza por Pablo a su discípulo Timoteo y aplica a todos los hijos e hijas de Dios: ‘Huye de las pasiones (concupiscencias/deseos) juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un CORAZON PURO/LIMPIO(2 Timoteo 2:22. La Biblia De Las Américas).

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